He venido. He vuelto.
-Tranquila, ya me voy.
No sin antes recalcar el por qué,
que no es porque llueva y el olor a tierra mojada lo inunde todo,
ni porque me haya dado por coleccionar flores secas, que se conserven para siempre
y sufran, y sufra con ellas, que lo estático nos mate
y nada de lentamente.
Como putos d a r d o s dirigidos al único sitio que ya le da igual de mi cuerpo.
-Corazón, corazón.
A eso me refiero, y me doy la vuelta.
Mejor de espaldas, que duela por sorpresa aunque no lo sea, y que yo finja de todo
menos con la piel;
-Que me arañes de una puta vez. Que me arañes.
-Que no me quejo, que te quiero y lo quiero. Que nos quiero y lo sabes.
Y te vas y me voy, y vuelvo y sigues, y no retrocedo, no. Me mantengo.
Me mantengo, me mantengo, me mantengo...
-A qué esperas, desbáncame como si del último suspiro de una despedida mal querida se tratase.
Quiero un p u ñ a l desgarrando mis entrañas, y que tenga tu nombre,
y que por una puta vez no lleve el mío.
A eso me refiero, sin ser el por qué.
Porque, por qué, porque, por qué...
-Que te calles. Que me calles.
Que me dejes sin labios y me tatues a fuego fauto que soy tuya y libre,
que todo lo demás una gran mentira.
Cuéntame ese cuento que me da insomnio por las noches una vez más,
que es de día y tengo sueño
y soy metáfora,
y las metáforas no descansan
-Qué somos, p a r a s i e m p r e.
La desgracia hecha bonita,
la cautividad con alas,
los sueños que ven la luz al final del tunel que nunca acaba.
-Literatura, ahí lo tienes.
Pero recuerda; he ido, me he ido.
Y el famoso por qué, lo deshice por el camino
de
estas
palabras.