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jueves, 28 de mayo de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
Metodología del deseo (II)
Aquel instante prolongado
ya ni era vida, ni vacío
tampoco oscuro, y mucho menos gris.
Para salir de un lío,
a veces sólo queda la opción de enredarte,
como los auriculares que ella llevaba.
Ésos que tras no conseguir hacer desaparecer los nudos
terminaban en cualquier papelera del centro de la ciudad,
junto con el resto de mis ruinas.
Me gritaban, me gritaban que tenía que salir de allí
a toda costa
o el empujón
ya ni era vida, ni vacío
tampoco oscuro, y mucho menos gris.
Para salir de un lío,
a veces sólo queda la opción de enredarte,
como los auriculares que ella llevaba.
Ésos que tras no conseguir hacer desaparecer los nudos
terminaban en cualquier papelera del centro de la ciudad,
junto con el resto de mis ruinas.
Me gritaban, me gritaban que tenía que salir de allí
a toda costa
-y ojalá con mi mar puesto en los ojos
de una vez por todas, en noche de tormenta-.
Lo justo era de todo menos su nombre,
las circunstancias semáforos en rojo
y mi corazón una bici sin frenos, en la cuesta de las casualidades.
El futuro estaba esperando ya mi relevo,
los días se presentaban iguales
y la resistencia se mantenía a duras y penas.
Al fin y al cabo no era tan difícil,
la estrategia a seguir era algo así como;
levantar la escena de un crimen en la mano, y mirar hacia otro puto lado esperando la hostia
que conduciría al salto.
jueves, 7 de mayo de 2015
Metodología del deseo (I)
Dicen que una imagen vale más que mil palabras
y que las palabras se las lleva el viento.
Lo de darle la espalda fue con querer
de las mil primaveras que no pudimos desvivir
en el vuelo de aquel pétalo rojo.
Cuando se posó en el precipicio yo ya estaba atada,
ella era la llave
y
se había perdido en mi mar desierto
con cero intenciones de ser aguja,
más bien paja de pajar.
En l(o)a corriente está la clave,
y que ésta nos lleve
donde no podamos no encontrarnos indefinidamente.
No sé tú, pero siempre que había un espejo delante
me recordaba a la pescadilla que se muerde la cola
por amor a sus espinas
y a sembrar un final impreciso.
Tan impreciso como la trayectoria del disparo que tanto te deseé,
porque para entonces yo ya era otra persona
que se parecía mucho a tus monstruos,
no estando dispuesta a girar el mundo por cualquier imposible barato.
y que las palabras se las lleva el viento.
Lo de darle la espalda fue con querer
de las mil primaveras que no pudimos desvivir
en el vuelo de aquel pétalo rojo.
Cuando se posó en el precipicio yo ya estaba atada,
ella era la llave
y
se había perdido en mi mar desierto
con cero intenciones de ser aguja,
más bien paja de pajar.
En l(o)a corriente está la clave,
y que ésta nos lleve
donde no podamos no encontrarnos indefinidamente.
No sé tú, pero siempre que había un espejo delante
me recordaba a la pescadilla que se muerde la cola
por amor a sus espinas
y a sembrar un final impreciso.
Tan impreciso como la trayectoria del disparo que tanto te deseé,
porque para entonces yo ya era otra persona
que se parecía mucho a tus monstruos,
no estando dispuesta a girar el mundo por cualquier imposible barato.
miércoles, 6 de mayo de 2015
Mi media naranja
La conocí mucho antes de saber quien era,
de comprender su magnitud.
La infancia me llevo tantas veces a su seno
donde me acunó en tardes felices y domingos plenos.
de comprender su magnitud.
La infancia me llevo tantas veces a su seno
donde me acunó en tardes felices y domingos plenos.
Fue el primer sentimiento de caída libre,
literal,
la primera montaña rusa de la que estuve a punto de desbordar.
Vertí tantos mares allí...
Al comienzo de la adolescencia, me rehice
y le reproché todo el caos que era
-aún sin entender-
que su ruido sería mi silencio
cometiendo el error de proclamarlo sin siquiera darle la oportunidad de desconocerme en aquel presente,
que me marcaría a lluvia lenta, cuando menos lo esperase.
Es entonces cuando; un muro y un choque,
con una piedra en mitad del camino
sin posibilidad de salto y la superación correspondiente.
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Es ahora cuando; el verbo ser, sólo con ella.
Y secuestros hacia algún fin de semana con maldita suerte,
de días perfectos sin la importancia de la espera.
Comencé a medir el tiempo a cada encuentro,
y es que de verdad,
tiene unas piernas de infarto,
rascacielos.
El gris es su color, y yo le añado verde,
-que siempre es un buen aliño-.
Hacemos buena combinación.
Me he propuesto conocer todas y cada una de sus arterias
para regresar de madrugada por una vena diferente,
después de haber disfrutado de los excesos
a los que incita con cualquier rubia.
He decidido mudarme bajo su abrigo -de una vez por todas-,
empezar a morir de vida
y volver con muchas historias guardadas, en la manga de mi corazón agrietado.
Tu media naranaja también puede ser una ciudad,
y a mí,
me había elegido
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