Siempre me encantó describir madrugadas, espacio breve de tiempo en el que te encuentras sereno, en el que vives abstraido.
La luz de la Luna llena, asesina un verano de momentos tanto brillantes como desoladores, desciende por mi ventana, dejando entreveer su desnudez natural, está allí arriba observándonos a todos, como concilian el sueño unos, como se comen la cabeza los otros, o simplemente escuchando atenta el sonido de nuestra frágil y mortal respiración.
Mi cama me seduce, me hunde en su interior, extasiándome un poco de lo que viene siendo el tiempo del que somos exclavos, por el que debemos madrugar en unas horas.
Una suave melodía acompañada de una voz perfecta quebranta el silencio de la nocturnidad, antes de que este reinase en el cuarto, creando el clímax perfecto para un cierre de mirada a la nada, al techo viendo pasar recuerdos ilusos de días mejores, para prepararte a entrar en el reino de los sueños y ver a quien más deseas y no puedes tener en este instante debido a la lejanía que nos separa.
No te cortes, busca a esa personita, encuéntrala y deseala.
Deseala en esta mágina noche. Compartamos pecados fitícios, convirtamoslos en realidades secretas.
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