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sábado, 11 de enero de 2014

La provocación tiene nombre y empieza por C.

Que la cosa va de curvas,
pequeños puntos color marrón, en los cuales dibujo y deshago caminos a mi antojo, una y otra vez sin cansancio alguno.
También del eco de una melodía con la más dulce locura reflejada en ella, de nombre gasta; 'su risa'.
De un registro de palabras que salen de una garganta frágil a través de una voz distinta a lo anterior escuchado, quienes deleitan mi yunque, martillo y estribo.
Hablando de estribos, me encanta cuando los pierde y acto seguido lo insinua.
Una simple mirada de medio segundo basta para conocer esas provocadoras intenciones, que me acosarán desde la sombra persiguiendo lo inevitable de nuestras bocas.
En un momento previo a ello, empieza la batalla.
Avanza firme al frente, pronunciando su rostro que en breves me toca, me acaricia, me prueba y me condena.
Sabroso infierno no me alejes de tus más intensos placeres, que acostumbrarse es malo y no lo hago.
Pero...perderlo? Perderlo conlleva perdición.
Y qué mayor satisfacción que encontrarnos con la cara perpleja de la multitud hipócrita?
Lo único que nos produce es gracia frente a la ignorancia y un sin fin de ganas más.
Por provocar he vuelto yo...a sonreír.




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