Ella es una musa confusa, a la par que difusa.
Exagerada como ella sola, mimada como ninguna.
Obcecada en sus simples problemas, de los que hace universos repletos de galaxias carentes de versos, que contengan sueños sencillos o problemas resueltos.
Ella es esa musa del carisma marcado por una infancia dura a un modo de vista en diferido de lo que es la plenitud.
Ella es esa musa a la cual su figura y su alma pertenecen a mundos distintos.
La que después de más de 120 días me sigue sorprendiendo con sus reacciones infantiloides con un punto de madurez difícil de hallar por los alrededores de la lejanía, y menos aún de estas orillas.
Ella es esa musa que parece que susurra cada vez que mueve las pestañas al cerrar los ojos.
Creo que tiene la vida borrosa, por eso lo hace cada cinco segundos.
Intenta enderezar lo que parece ser una construcción en los cimientos, la cual no sabe que ya está recta.
Ella es esa musa que amenudo le falta el sentido y se encuentra perdida ante una realidad un tanto fastidiosa a la par que singular.
'Todo es más fácil de como lo pintas', le digo mientras observo como no me escucha.
Tiene los oidos repletos de prejuicios y percances del pasado que no le dejan ser quien quiere, lo que me resulta una movida un tanto punzante para mi persona.
Dicen que los milagros ocurren, yo quiero que escuche mi voz por primera vez, aún habiendola oido varias veces ya.
Mientras tanto espero tumbada en la curva de su sonrisa cada vez que le digo cosas bonitas que le apaciguan las entrañas, y hacen brotar su risa, esa risa que solo puede pertenecer a una musa.
Esa risa que refleja la locura en cada carcajada y yo, yo me siento bien en cada tramo compartido de coincidencias casuales e imposibles, pero que aún así ocurrieron y siguen haciendolo.
No sé, ella es una dama de por si, pero musa, musa solo es conmigo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario