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miércoles, 11 de marzo de 2015

Niña burbuja

La vida, la vida...
esa que tan pronto nos da
como nos quita.
Que ser niña burbuja, fue su idea
con todas mis consecuencias,
formas,
estupideces y demás cosas buenas.

El tiempo, el tiempo...
el que sin pensarlo siete veces
me disparó a los d i e c i e s e i s, latidos y medio.


Helándome el pecho,
pero no las ganas.
La voluntad,
sin tocar las huidas.
Los estados,
pero jamás la ausencia.

El amor...
a ese ni nombrarlo
pues no nos presentó,
se dedicó a tirar la primera y última piedra
con destino en mi tejado,
mental.

Que levantar cabeza es muy fácil sí,
pero yo nací del revés
y nunca le pillé el truco a las circunstancias.

¿Y si...y si...?
Y si sigo y no,
y si no, continuo
pero de culo.

Para no envidiarle mucho
a esas chicas bonitas
que lucen un invierno en las pestañas
una primavera en los labios
un corazón otoñal
y un infierno entre las piernas.

Para no reprocharle nunca más a un por qué 
de respuesta inútil,
con ejemplo de la musa del suicida 
que se queda a bajo cero
y sin quien cuente sus peripecias,
en la azotea de cualquier colgado al que le guste mirar antes de saltar
y aún así se lance
por la denegación de correspondencia asesina.


Por lo visto una persona puede ser muchas metáforas seguidas,
pero pocos hay que de una contradicción
nazcan monstruos azules, que disipen miedos;

sin
esperar
nada a cambio.
Que de la nada, nada sale
y yo sigo sin saber dónde/cómo maldiciones me encuentro.


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