Ojalá hubiese sido carnaval para siempre...
y eso que yo, no lo soporto.
Se me metió en la sien izquierda
como quien tiene muchas ideas,
todas muy juntas
y
todas, profundamente armadas hasta tus dientes.
Me fabriqué un mundo ideal
en el que los sordos, estaban sordos por oír demasiadas estupideces
los ciegos, estaban ciegos por gustarles demasiado su mundo interior
y los mudos, eran mudos por amor al arte,
-del silencio-.
Allí, mi chica pirata era engullida cada noche por el mar,
quien la mecía hasta el éxtasis
y luego, la arrastraba hacia cualquier playa
en la que fuese Febrero
pero no helase demasiado los huesos.
Era la chica y pirata, con más demonios tatuados en el cuerpo
que sueños,
y lo más curioso es que siempre
al despertar tras el intenso oleaje
le ponía a todos los cantos (que no eran rodados), mi nombre.
Seguidamente les comenzaba a narrar en pensamientos la historia de un mar;
Mar.
Un mar inocente cargado con:
-50% heridas suyas
-50% aciertos.
Pero no en su pecho,
sino en la cabeza de todos sus tatuajes demonio.
Los cantos, que no eran tan cantos como parecían,
porque piedra
y yo, que me sigo preguntando en qué madrugada
llegó a ahogar Mar a la chica pirata que siempre vuelve -pese a-.
Avisando primero en sueños de los que nunca tenía.
En qué aguas se cometió el crimen
y por qué Mar dijo adiós sin decir adiós
solo permaneciendo,
Que la chica pirata, era mucha chica pirata.
De hecho no era la primera carabela que tripulaba
y mucho menos,
la primera que llevaba al desastre.
Pero si el mar quiere,
no vuelves a subir a la superficie.
Y Mar, la quería.
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