Me acaba de entrar la imperiosa necesidad
de echar de menos y no saber el qué.
De preguntarle al tiempo si fuese persona
qué aspecto tendría.
De cerrar un sobre con una carta en blanco dentro
y echarlo al buzón después.
De escribir a musas que nunca voy a conocer.
De preguntarle al mar si sus lágrimas saben dulce
para ir contracorriente y reírse del resto.
El móvil está sonando y no lo pienso coger,
decepción si no fuese la voz que todavía no me ha hecho temblar hasta los cimientos.
Todos deberíamos querer irremediablemente al día que asesina la semana
y da a luz a la siguiente,
todos deberíamos tener amor propio para decir basta.
Y de todos, ser tan únicos al igual que nadie.
Me voy a estar despiendo tres horas
no vayamos a ser mentira y sorprendernos después.
Te quiero como se quiere al que es incapaz;
¿Dónde se ha quedado la falta de valor de besar a una desconocida y cambiaros la vida para siempre?
No hay comentarios:
Publicar un comentario